Puerto de chancay desafía la soberanía peruano por un fallo judicial. Puerto de chancay desafía la soberanía peruano por un fallo judicial.
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Por qué la mayoría de los inversionistas fracasa (y cómo evitarlo)

Por qué la mayoría de los inversionistas fracasa (y cómo evitarlo)

El mercado de valores ha creado más riqueza a lo largo de la historia que casi cualquier otra actividad humana. Entonces, ¿por qué tan pocos inversionistas logran capturar una parte significativa de esa riqueza?

La respuesta es incómoda, pero clara: el mayor enemigo del inversionista no es el mercado. Es él mismo.

Estudios consistentes muestran una realidad persistente. Mientras el S&P 500 ha entregado retornos anuales promedio cercanos al 8-10% (incluyendo dividendos y ajustados por inflación) durante largos períodos, el inversionista promedio obtiene resultados notablemente inferiores. No porque elija peores activos, sino porque se comporta de forma muy distinta al mercado.

El patrón se repite con una consistencia sorprendente: la mayoría compra cuando el mercado ya ha subido con fuerza, atraída por el optimismo y el miedo a quedarse fuera. Vende cuando cae, impulsada por el pánico. Cambia de estrategia constantemente, persigue lo que ha funcionado recientemente y evita el dolor de corto plazo a toda costa.

En ese proceso, destruye gran parte de su propio rendimiento.

Este no es un problema de inteligencia o de acceso a información. Es un problema de psicología. Los seres humanos no estamos diseñados para invertir. Estamos diseñados para sobrevivir. Nuestro cerebro reacciona de forma visceral ante las pérdidas, busca recompensas inmediatas y siente una necesidad casi irresistible de “hacer algo” cuando las cosas se ponen difíciles.

Cada decisión emocional adicional tiene un costo. No solo financiero —comisiones, impuestos, spreads—, sino también de oportunidad y de paz mental. Vender en pánico, comprar por euforia o interrumpir un proceso consolidado genera fricciones silenciosas que, con el paso de los años, se convierten en una brecha enorme de patrimonio.

El mercado sube, baja, se recupera y avanza. No es predecible en el corto plazo, pero sí ha demostrado ser consistente en el largo plazo. El verdadero problema no radica en su comportamiento, sino en la incapacidad de la mayoría de permanecer en él durante los periodos difíciles.

La solución no pasa por saber más. Pasa por fallar menos.

Los inversionistas exitosos a largo plazo no son necesariamente los más brillantes ni los mejor informados. Son los más estructurados. Son aquellos que construyen un sistema claro —una base diversificada, reglas simples y un proceso disciplinado— y tienen la humildad de respetarlo incluso cuando su propia mente les ruega que hagan lo contrario.

Porque en las inversiones, más acción no significa mejor resultado. Muchas veces significa exactamente lo contrario.

La verdadera ventaja no está en predecir el mercado. Está en diseñar un proceso que te proteja de ti mismo. Un proceso que minimice las decisiones emocionales y maximice el tiempo que tu capital permanece invertido.

Al final, el mercado no premia a los más inteligentes. Premia a los que interrumpen menos. A los que no venden cuando duele. A los que no compran cuando todo el mundo está eufórico. A los que construyen una estructura sólida y tienen la disciplina para mantenerse en ella.

Esa es, probablemente, la lección más importante —y la más difícil— en el mundo de las inversiones.

Sobre el autor

Gonzalo Loayza Devescovi

Soy Gonzalo Loayza Devescovi, economista, inversionista y CIO y Socio Fundador de Goal Capital, firma especializada en asesoría patrimonial personalizada para personas con capital disponible que buscan invertir de forma eficiente, segura y con criterio. Desde 1996, gestiono portafolios y fondos de inversión, especializado en instrumentos de renta variable como acciones y ETFs en mercados internacionales. ✅ Ocupé por casi una década el cargo de CIO del fondo privado Alatka Capital, administrando más de US$ 350 millones en activos financieros, con retornos superiores al mercado en todo el período. ✅ A lo largo de mi carrera, también lideré grandes organizaciones como CEO de Austral Group, fui el Gerente General más joven de la Sociedad Nacional de Pesquería, y representé al Perú ante el subcomité de pesca de la FAO en Roma.

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Por qué la mayoría de los inversionistas fracasa (y cómo evitarlo)

Por qué la mayoría de los inversionistas fracasa (y cómo evitarlo)

El mercado de valores ha creado más riqueza a lo largo de la historia que casi cualquier otra actividad humana. Entonces, ¿por qué tan pocos inversionistas logran capturar una parte significativa de esa riqueza?

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Estudios consistentes muestran una realidad persistente. Mientras el S&P 500 ha entregado retornos anuales promedio cercanos al 8-10% (incluyendo dividendos y ajustados por inflación) durante largos períodos, el inversionista promedio obtiene resultados notablemente inferiores. No porque elija peores activos, sino porque se comporta de forma muy distinta al mercado.

El patrón se repite con una consistencia sorprendente: la mayoría compra cuando el mercado ya ha subido con fuerza, atraída por el optimismo y el miedo a quedarse fuera. Vende cuando cae, impulsada por el pánico. Cambia de estrategia constantemente, persigue lo que ha funcionado recientemente y evita el dolor de corto plazo a toda costa.

En ese proceso, destruye gran parte de su propio rendimiento.

Este no es un problema de inteligencia o de acceso a información. Es un problema de psicología. Los seres humanos no estamos diseñados para invertir. Estamos diseñados para sobrevivir. Nuestro cerebro reacciona de forma visceral ante las pérdidas, busca recompensas inmediatas y siente una necesidad casi irresistible de “hacer algo” cuando las cosas se ponen difíciles.

Cada decisión emocional adicional tiene un costo. No solo financiero —comisiones, impuestos, spreads—, sino también de oportunidad y de paz mental. Vender en pánico, comprar por euforia o interrumpir un proceso consolidado genera fricciones silenciosas que, con el paso de los años, se convierten en una brecha enorme de patrimonio.

El mercado sube, baja, se recupera y avanza. No es predecible en el corto plazo, pero sí ha demostrado ser consistente en el largo plazo. El verdadero problema no radica en su comportamiento, sino en la incapacidad de la mayoría de permanecer en él durante los periodos difíciles.

La solución no pasa por saber más. Pasa por fallar menos.

Los inversionistas exitosos a largo plazo no son necesariamente los más brillantes ni los mejor informados. Son los más estructurados. Son aquellos que construyen un sistema claro —una base diversificada, reglas simples y un proceso disciplinado— y tienen la humildad de respetarlo incluso cuando su propia mente les ruega que hagan lo contrario.

Porque en las inversiones, más acción no significa mejor resultado. Muchas veces significa exactamente lo contrario.

La verdadera ventaja no está en predecir el mercado. Está en diseñar un proceso que te proteja de ti mismo. Un proceso que minimice las decisiones emocionales y maximice el tiempo que tu capital permanece invertido.

Al final, el mercado no premia a los más inteligentes. Premia a los que interrumpen menos. A los que no venden cuando duele. A los que no compran cuando todo el mundo está eufórico. A los que construyen una estructura sólida y tienen la disciplina para mantenerse en ella.

Esa es, probablemente, la lección más importante —y la más difícil— en el mundo de las inversiones.

El fin de la «IA subvencionada»: ¿Estamos preparados para la economía del agente?

El fin de la «IA subvencionada»: ¿Estamos preparados para la economía del agente?

Durante los últimos tres años, el mundo ha operado bajo un espejismo económico. Hemos disfrutado de la inteligencia artificial como si fuera electricidad casi gratuita: enchufábamos nuestros procesos, consultas y flujos de trabajo a modelos que cuestan miles de millones de dólares, pagando apenas una suscripción simbólica de «tarifa plana». Sin embargo, las señales de este 2026 son contundentes: el tiempo de tarifa plana de la IA ha terminado.

Estamos entrando en la fase de madurez del mercado, donde el precio comienza a alinearse con el coste real de producción. Para los inversores y líderes corporativos, este cambio no es solo un ajuste de presupuesto, sino una redefinición de la estrategia competitiva.

Del «Ancla de los US $  20 » a la Facturación por Tokens

Nos acostumbramos a que la IA costara lo mismo que una plataforma de streaming. Pero a medida que pasamos de modelos simples (GPT-4 o Gemini Plus) a capacidades de frontera y agentes autónomos, la estructura de costos ha explosionado.

Gigantes como Microsoft (GitHub Copilot) ya han marcado la hoja de ruta para junio de este año: el paso de la suscripción fija a la facturación basada en el uso (Tokens). La unidad de medida ya no es el acceso, sino el token.

La Economía del Agente: Producir vs. Consumir

La gran diferencia hoy no es técnica, es económica. Debemos distinguir entre:

  1. IA de Consumo (Barata): Útil para tareas simples, resúmenes o consultas rápidas. Esta seguirá siendo accesible.
  2. IA de Producción (Cara): Aquí entran los agentes. Un agente no solo responde; trabaja. Abre archivos, ejecuta código, valida errores y reintenta procesos durante 40 o 50 minutos sin supervisión.

Un solo agente puede consumir hasta 200 veces más recursos que una pregunta de chat. Por tanto, la IA dejará de venderse como un software de escritorio para empezar a venderse como un «empleado digital» que factura por el valor y el esfuerzo que genera.

La Paradoja de la Eficiencia y la Nueva Brecha

Es cierto que la tecnología se ha optimizado. Tareas que en 2024 costaban US $ 4,500  en cómputo, hoy pueden resolverse por poco más de US $ 1  con modelos como Gemini 3 Flas. Sin embargo, esto no bajará la factura corporativa. El efecto rebote es real: al ser más capaz, le pedimos tareas masivas que antes eran impensables, disparando el consumo total.

Esto plantea un riesgo estratégico: la creación de una nueva brecha digital. No se tratará de quién tiene IA y quién no, sino de quién puede permitirse que la IA trabaje de verdad. La IA cara será para producir y ganar mercados; la barata será para el uso casual.

Visión Estratégica

La inteligencia ilimitada no existe. Alguien paga la factura de los chips, la energía y los servidores. Hasta ahora, lo pagaba el capital riesgo para capturar usuarios; a partir de ahora, lo pagará la eficiencia de las empresas.

La recomendación para el ecosistema corporativo y educativo es clara: el valor real de la IA en 2026 no está en el acceso, sino en la capacidad de orquestar estos agentes para generar un retorno que justifique su costo. La IA ya no es un gasto operativo menor; es una ventaja competitiva de capital.

Nunca fue tan fácil crear una startup y nunca fue tan difícil construir una que importe.

Nunca fue tan fácil crear una startup y nunca fue tan difícil construir una que importe.

La inteligencia artificial está acelerando todo: ideas, producto, ejecución, automatización, salida al mercado. Lo que antes tomaba meses, hoy puede tomar días. Lo que antes exigía estructura, hoy muchas veces exige algo más difícil: criterio.

Y eso está cambiando el juego completo.

Stanford reportó que en 2024 el 78% de las organizaciones ya estaba usando IA, frente al 55% del año anterior. Además, la inversión privada global en IA generativa llegó a 33.9 mil millones de dólares en 2024. No estamos hablando de una tendencia en exploración. Estamos hablando de una nueva base operativa para competir.

Eso tiene una consecuencia directa para el mundo startup: bajar barreras de entrada también baja el valor de muchas ventajas que antes parecían diferenciales.

Si todos pueden prototipar más rápido, escribir más rápido, producir más rápido y automatizar más rápido, entonces la ventaja deja de estar en hacer. Y vuelve a estar en entender.

Entender mejor el problema.

Entender mejor al usuario.

Entender mejor qué espacio de mercado vale la pena ocupar.

Y sobre todo, entender que usar IA ya no va a ser una ventaja competitiva. Va a ser lo mínimo.

 

De hecho, Y Combinator reveló que una cuarta parte de las startups de su batch W25 tenía codebases casi completamente generadas por inteligencia artificial. Eso no solo habla de velocidad. Habla de algo más importante: la ejecución se está volviendo commodity más rápido de lo que muchos imaginan.

Por eso creo que el futuro de las startups no se va a definir por quién adopte IA primero, sino por quién logre construir algo menos replicable con ella.

Porque la IA puede acelerar una compañía.

Pero no puede inventarle una posición.

No puede darle una mirada.

Y definitivamente no puede construirle una marca con algo propio que decir.

 

Vamos a ver más startups, sí.

Más MVPs, también.

Más eficiencia, sin duda.

 

Lo que todavía no está garantizado es ver más relevancia.

 

Y ahí es donde empieza lo verdaderamente escaso.

Tokenización de activos reales en América Latina: del experimento a lainfraestructura del sistema financiero

Tokenización de activos reales en América Latina: del experimento a lainfraestructura del sistema financiero

Una nueva capa para los mercados de capitales

La tokenización de activos reales (Real World Assets, RWA) ha dejado de ser una promesa tecnológica para convertirse en una de las transformaciones más relevantes del sistema financiero global. Consiste, en esencia, en representar activos tradicionales —bonos, inmuebles, facturas, commodities o participaciones en fondos— como tokens digitales en redes blockchain, permitiendo su fraccionamiento, trazabilidad y transferencia casi instantánea.

Las proyecciones globales son contundentes: diversos estudios estiman que el mercado de activos tokenizados podría alcanzar entre USD 4 y 16 trillones hacia 2030, dependiendo del ritmo de adopción institucional. Este crecimiento no es casual. Responde a una necesidad estructural: hacer más eficientes, accesibles y líquidos mercados que hoy siguen operando con fricciones del siglo XX.

En América Latina, esta tendencia adquiere una relevancia particular. En una región donde el acceso al financiamiento es limitado y los mercados de capitales son poco profundos, la tokenización aparece como una infraestructura alternativa para democratizar la inversión y expandir el crédito productivo.

América Latina: una oportunidad estructural, no marginal

El ecosistema fintech latinoamericano ha mostrado un crecimiento sostenido en la última década, con miles de startups activas y una creciente adopción de activos digitales. Sin embargo, el verdadero potencial de la tokenización RWA en la región no está en el trading especulativo, sino en su capacidad de transformar activos tradicionalmente ilíquidos en instrumentos financieros dinámicos.

Los sectores con mayor potencial incluyen:

  • Real estate: fraccionamiento de inversiones inmobiliarias para pequeños inversionistas
  • Factoring y deuda privada: tokenización de facturas y préstamos a pymes
  • Commodities: trazabilidad y financiamiento de cadenas agroindustriales y mineras
  • Infraestructura: financiamiento de proyectos mediante tokens respaldados en flujos futuros

En este contexto, la tokenización no compite con el sistema financiero tradicional: lo complementa y expande, especialmente en segmentos donde la banca no llega o lo hace con altos costos.

Regulación: avances desiguales en la región

Uno de los principales desafíos para el desarrollo de la tokenización en América Latina es la fragmentación regulatoria. Mientras algunos países avanzan hacia marcos más claros, otros mantienen zonas grises que limitan la escala de estos modelos.

Brasil: liderazgo regional en construcción

Brasil se posiciona como el caso más avanzado. La Comissão de Valores Mobiliários (CVM) ha impulsado un enfoque progresivo mediante sandbox regulatorios y autorizaciones específicas para emisiones tokenizadas. Además, el desarrollo del Drex (la moneda digital del Banco Central) abre la puerta a una integración más profunda entre activos tokenizados y dinero programable.

Este enfoque permite algo clave: experimentar sin comprometer la estabilidad del sistema, generando aprendizajes regulatorios en tiempo real.

México: marco existente, pero con limitaciones

México cuenta con una de las primeras leyes fintech de la región. Sin embargo, su enfoque inicial no contempló plenamente la tokenización de valores. Esto ha generado un entorno donde la innovación avanza, pero con restricciones, especialmente en la emisión de activos financieros tokenizados.

Aun así, existe un espacio importante desde figuras como las SOFOMs y plataformas de financiamiento alternativo.

Chile: base institucional sólida, fase inicial en tokenización

Chile ha avanzado recientemente con su Ley Fintech, con un fuerte énfasis en open finance. Si bien la tokenización aún no es el eje central, el país cuenta con condiciones institucionales para convertirse en un actor relevante en el corto plazo.

Argentina: innovación impulsada por necesidad

En Argentina, el contexto macroeconómico ha acelerado la adopción de soluciones alternativas. La tokenización emerge como una herramienta para preservar valor, acceder a financiamiento y operar fuera de restricciones tradicionales. Esto ha dado lugar a casos innovadores, aunque en un entorno regulatorio aún incierto.

El caso peruano y la región andina

En países como Perú, el desarrollo aún es incipiente, pero con señales claras de interés tanto desde el ecosistema fintech como desde los reguladores. La oportunidad radica en aprender de los early movers y diseñar marcos proporcionales desde el inicio.

Casos reales: más allá del piloto

En la región ya existen experiencias concretas de tokenización de activos reales:

  • Emisiones de deuda tokenizada para financiamiento empresarial
  • Proyectos inmobiliarios fraccionados, permitiendo inversión desde montos bajos
  • Plataformas de factoring digital, donde las facturas se convierten en activos negociables en blockchain
  • Estructuras híbridas con stablecoins, utilizadas como medio de liquidación

Estos casos comparten una característica: no buscan reemplazar al sistema financiero, sino resolver ineficiencias específicas, como costos de intermediación, tiempos de liquidación o acceso limitado a inversionistas.

Brasil como laboratorio regional

El caso brasileño merece especial atención. La combinación de regulador activo, sistema financiero sofisticado y adopción tecnológica ha convertido al país en un verdadero laboratorio de innovación.

El desarrollo del Drex introduce un elemento disruptivo: la posibilidad de integrar activos tokenizados con una moneda digital oficial, habilitando modelos de “delivery versus payment” programable y reduciendo riesgos operativos.

Esto posiciona a Brasil no solo como líder regional, sino como un referente global en la convergencia entre blockchain y finanzas tradicionales.

Barreras que aún limitan el crecimiento

A pesar del avance, existen desafíos estructurales:

  • Incertidumbre regulatoria en la mayoría de países
  • Falta de estandarización legal de los tokens como valores o derechos
  • Riesgos tecnológicos y de custodia
  • Limitada educación financiera e institucional
  • Fragmentación del mercado regional

Superar estas barreras será clave para pasar de casos piloto a adopción masiva.

Una oportunidad estratégica para la región

La tokenización de activos reales ofrece beneficios concretos para América Latina:

  • Democratiza el acceso a inversiones
  • Reduce costos de intermediación
  • Genera liquidez para activos tradicionalmente ilíquidos
  • Amplía el financiamiento para pymes
  • Se integra naturalmente con open finance y nuevas infraestructuras digitales

En una región donde el crédito es escaso y caro, esto no es menor: es potencialmente transformacional.

Mirando hacia adelante: mercados de capitales “on-chain”

En los próximos 5 a 10 años, es probable que veamos una convergencia progresiva entre el sistema financiero tradicional y las infraestructuras blockchain.

Los bancos no desaparecerán, pero evolucionarán hacia nuevos roles. Las fintech seguirán siendo catalizadores de innovación. Y los reguladores tendrán el desafío de equilibrar estabilidad con experimentación.

La tokenización no reemplazará los mercados de capitales: los reconfigurará.

La promesa a la política pública

La tokenización de activos reales no es una tendencia pasajera. Es una evolución natural hacia mercados más eficientes, inclusivos y digitales.

Para América Latina, representa una oportunidad única: no solo adoptar una innovación, sino diseñar desde cero una nueva arquitectura financiera más accesible y competitiva.

El reto ahora no es tecnológico. Es institucional.

Y quienes logren entenderlo a tiempo no solo liderarán la innovación financiera en la región, sino que definirán el futuro de sus mercados de capitales.

IA y Startups: ¿Algoritmos fríos o la evolución del juicio humano?

IA y Startups: ¿Algoritmos fríos o la evolución del juicio humano?

En el dinamismo actual del sector financiero, las startups han dejado de ser meras competidoras para convertirse en los laboratorios de innovación que definen el futuro del capital. Sin embargo, en un entorno donde la Inteligencia Artificial (IA) promete eficiencia, surge una pregunta crítica para el inversionista y el líder de hoy: ¿En qué parte de la ecuación queda la confianza humana?

En mi opinión la verdadera transformación digital no reside en reemplazar el discernimiento humano, sino en potenciarlo. La IA tiene un mejor desempeño en activividades relacionadas a la creación de contenidos mientras que el ser humano supera los resultados  en todas las actividades relacionadas a toma de decisiones estratégicas. Estamos frente a una realidad muy compleja que requiere trabajo combinado entre los seres humanos y las máquinas, y debemos desarrollar  estrategias, estructuras y procesos con un nivel de innovación que debe evolucionar junto con la evolución de la tecnología.

La Sinergia «Humano-Máquina» en las Fintech

Las startups financieras están demostrando que la IA puede democratizar el acceso a la inversión. No obstante, el éxito sostenible de estas plataformas no depende únicamente de la potencia de sus algoritmos, sino de su capacidad para:

  • Humanizar el Dato: Traducir la analítica compleja en decisiones que tengan sentido para la vida de las personas.
  • Gestionar el Cambio: Entender que la adopción de IA es, ante todo, un proceso psicológico y cultural dentro de las organizaciones.
  • Liderazgo con Empatía: En un mundo con un incremento de procesos automatizados, la capacidad de un líder para conectar con su equipo y sus clientes se convierte en la ventaja competitiva más escasa y valiosa.

El Futuro: Estrategia con Alma

Para el ecosistema regional, el mensaje es claro: la IA es el copiloto ideal, pero el juicio crítico y la ética siguen siendo responsabilidad del piloto humano. No buscamos organizaciones que funcionen como máquinas, sino máquinas que permitan a las organizaciones ser más humanas.

La inversión más inteligente que podemos hacer hoy no es solo en tecnología, sino en el desarrollo de las competencias humanas que nos permitan liderar esa tecnología con criterio y visión de futuro.

 

Cuando los flujos existen, pero la caja no alcanza

Cuando los flujos existen, pero la caja no alcanza

Toda empresa enfrenta dos retos financieros básicos. El primero es generar flujos. El segundo, que suele ser el más difícil, es lograr que esos flujos sean suficientes y oportunos. No basta con vender y cobrar. La caja debe alcanzar, por un lado, para sostener la operación diaria de la empresa, es decir, cubrir planillas, proveedores, gastos administrativos y demás necesidades de OPEX. Por otro lado, también debe permitir tomar decisiones de inversión, como comprar activos, expandir operaciones, abrir nuevas líneas de negocio o financiar crecimiento, es decir, cubrir CAPEX. Cuando los flujos existen, pero no llegan con la magnitud o velocidad necesaria, la empresa puede seguir operando, pero queda limitada para crecer.

En muchos casos, esos flujos provienen de activos muy comunes en la actividad empresarial: los títulos valores. Allí están, por ejemplo, las letras de cambio utilizadas por empresas lotizadoras y también por algunas empresas de vivienda vertical, los pagarés empleados por distribuidores de buses, camiones y maquinaria de línea amarilla, o las facturas que suelen formar parte del negocio de las empresas de factoring. En todos estos casos, el activo económico subyacente es una cuenta por cobrar. Lo que hace el título valor es documentarla y facilitar su circulación, cobro y financiamiento.

Sin embargo, que una empresa tenga una cartera de títulos valores no significa, por sí solo, que su problema de caja esté resuelto. Puede ocurrir que esa cartera genere flujos de forma lenta, fragmentada o insuficiente. En otros casos, la cobranza puede ser sana, pero aun así no lograr aliviar lo suficientemente la presión sobre el gasto operativo. Y en escenarios de mayor exigencia, esos flujos tampoco bastan para financiar inversión o acompañar el ritmo de crecimiento del negocio. En términos simples, la empresa sí tiene activos que valen, pero no necesariamente tiene hoy la caja que necesita.
Frente a esa situación, una alternativa es titulizar esos títulos valores. En la práctica, ello consiste en agrupar esa cartera, aislarla en un patrimonio autónomo y emitir instrumentos de deuda respaldados por los flujos de dicho patrimonio. Como esos títulos valores no son sino cuentas por cobrar, lo que se hace es transformar un activo que se cobrará en el tiempo en una fuente de financiamiento inmediato. En el Perú, este tipo de procesos suele ser conducido por Sociedades Titulizadoras, que estructuran la operación y canalizan la emisión en el mercado de valores.

Este mecanismo ofrece varias ventajas. Permite a la empresa obtener liquidez sin recargar sus líneas bancarias tradicionales. Le da una fuente adicional de deuda respaldada por la calidad de su cartera. Además, la posiciona como una empresa con mayor sofisticación financiera, capaz de acudir al mercado de valores con estructuras más elaboradas.
Esto resulta especialmente eficiente cuando los títulos valores están desmaterializados. En ese caso, su transferencia es más simple, porque no depende de un endoso manual, sino de registros digitales. A ello se suma un ahorro en costos de transacción y una mayor facilidad para verificar la existencia, titularidad y trazabilidad del portafolio, pues dicha información ya consta anotada en cuenta en CAVALI.

En definitiva, la titulización no crea flujos donde no los hay; lo que hace es volver financieramente útil, hoy, una cartera que de otro modo se convertiría en caja recién con el paso del tiempo. Allí radica su verdadero valor.

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